III. Otras disposiciones. COMUNITAT VALENCIANA. Bienes de interés cultural. (BOE-A-2023-23116)
Resolución de 6 de octubre de 2023, de la Vicepresidencia Primera y Conselleria de Cultura y Deporte, por la que se incoa expediente para declarar bien de interés cultural inmaterial, las Fiestas de la Mare de Déu del Castell de Cullera.
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BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO
Martes 14 de noviembre de 2023

Sec. III. Pág. 151987

En el caso de Cullera, muchos de los elementos festivos, principalmente los no litúrgicos,
han sufrido estas intermitencias, con la consecuente pérdida en cada edición de las
fiestas no realizadas. En las pasadas décadas, ha sido el tejido asociativo quien ha
tomado las iniciativas para recuperar, revitalizar aquellas manifestaciones más
arraigadas en las fiestas, siente uno de los ejemplos de cómo la sociedad, es capaz de
generar un discurso social para revalorizar los vestigios que permanecen del pasado
(Revert, 2002). Las fiestas de Cullera son una herencia que los y las ciudadanas no
están en condiciones de prescindir y quieren conservar y utilizar (Revert, 2002) y es por
eso que se han hecho todos los esfuerzos necesarios para conseguir que la
organización sea excelente, con el objetivo de mantenerla y desarrollarla dignamente.
Esta organización tan coordinada, hace que las entidades y sus miembros puedan ser
considerados y consideradas los mejores garantes del patrimonio, los portadores y las
portadoras de los conocimientos más arraigados a las emociones locales, que nos
remiten a las biografías individuales y colectivas, al «yo» y al «nosotros».
Las fiestas en honor a la Virgen María del Castell de Cullera son un elemento
patrimonial transversal para toda la población, puesto que están totalmente interiorizadas
como propias y singulares, forman parte de la identidad individual y colectiva que
mencionábamos hace poco, y están interconectadas con los ámbitos de la vida diaria
común del pueblo. La realización de las varias manifestaciones festivas no responde a
ninguna puesta en escena, ni simulaciones, sino que están interiorizadas, asumidas por
la comunidad portadora, a través de complejos aprendizajes, transmisiones y
experiencias que se han dado a lo largo del tiempo. Evidentemente, y aunque las fiestas
de Cullera forman parte de las biografías individuales, no estamos frente a un patrimonio
de los individuos, sino que está compartido por toda la comunidad portadora. Las fiestas
son la pegatina que unifica en un sentir a los vecinos y vecinas de Cullera, y así se ve
reforzada la tan necesitada identidad colectiva. Hemos venido describiendo también los
procesos que se realizan con el fin de generar canales de transmisión, y así lo volvemos
a reforzar, defendiendo que las fiestas de Cullera están transmitidas de generación en
generación, incluso, generalmente, desde la infancia, siente los y las más pequeñas
receptores de aprendizajes y habilidades que les darán las competencias necesarias
para formar parte de los colectivos y saber sincronizarse hábilmente, pero también
emocionalmente con la comunidad portadora. Son esos procesos de transmisión los que
legitiman el patrimonio y los que dan espacio a aplicar las pautas de organización
asumidas y recreadas, dotándolas de los significados necesarios, sin ser fosilizadas. La
realidad de las fiestas de Cullera es una construcción, por lo tanto, social, compartida y
forma parte de la memoria colectiva, puesto que remiten a acontecimientos y emociones
fundamentales de la vida comunitaria, públicamente consensuadas. Los elementos
materiales son también parte de esta historia construida comunitariamente. En ellos
descansan los significados y la información de los que dependen las vivencias, siendo
testigos y documentos de los sentimientos de la sociedad. A lo largo de los párrafos
anteriores hemos visto cómo han evolucionado estas fiestas y sus actos principales. Y
este es un buen argumento, para defender el presente y futuro de la fiesta, puesto que,
al estar viva y ser dinámica evoluciona al ritmo que evoluciona la sociedad, la comunidad
portadora. Las prácticas, que han sufrido cambios continuos, tienen que seguir
haciéndolos, siempre que sean aceptados por sus miembros como válidos, evitando las
pérdidas de simbologías y significados. Esta será una de las razones de la supervivencia
en el futuro, la autorregulación, la adaptación y la contextualización a los tiempos
presentes.
Las fiestas de Cullera se dan en un marco espacial muy concreto y en el momento
del año determinado, recreado cíclicamente. Justo por eso son singulares y simbólicas,
puesto que están asociadas al inicio de la primavera en un escenario diverso pero
concreto, como es Cullera, su montaña, el mar, el río, la Vila y los diferentes barrios.
También los recorridos de los diferentes séquitos y acontecimientos forman el marco
espacial que los dota de significado. No hay alternativa espacial para el desarrollo de los
acontecimientos clave de estas fiestas. Sin la existencia del santuario en el Castell, las

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Núm. 272